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Mirtha Legrand - Histórico Regreso

La palabra “memoria” estuvo presente durante toda la jornada. El martes 4 de Octubre, a las siete de la mañana, los tres hermanos Martínez Suárez, Rosa María Juana, María Aurelia Paula y José Antonio, viajaron a la localidad de Villa Cañás, distante 350 kilómetros de Buenos Aires, para asistir a un homenaje en memoria de su madre, doña Rosa Suárez de Martínez.
Los tres hermanos prepararon en secreto cada detalle del viaje, y a partir del momento en que se subieron al Mercedes Benz gris de Mirtha Legrand empezaron a disfrutarlo. Durante el trayecto recordaron cada pueblo que aparecía en los carteles de la Ruta 8: Fortín Tiburcio, Agustinas, Hughes y otras localidades les resultaban tan familiares como en aquellos tiempos de juventud.

Mirtha Legrand


Llegaron a Villa Cañás cerca del mediodía. Cada esquina, cada lugar de ese pueblito ubicado en el sur de la provincia de Santa Fe estaba lleno de recuerdos. Se los veía emocionados y a la vez felices. El primer destino fue una visita a la casa de Cleria Martínez de Garabano, prima de los tres hermanos. Hubo lágrimas, risas y recuerdos. El tiempo pasó rápido y quedaban otros sitios por visitar. “Enseguida se hizo la hora de la siesta, que acá es sagrada, pero decidimos despertar a los amigos y sorprenderlos con nuestra presencia”, cuenta José. “Traemos un paquete para el dueño de casa”, respondía bromeando cuando preguntaban quienes eran. “Así, sorprendimos a viejos amigos como Facio Asenjo, Roberto Sales y Enzo Realy. Fue muy emocionante. Hacía veinte años que no volvíamos los tres juntos al pueblo”, dijo el cineasta. Luego decidieron ir a la casa familiar sorprendiendo a su actual dueña, Guillerma Comiro de González. Mirtha recorrió la propiedad que aún mantiene los pisos y las puertas de antaño. Josecito llegó hasta la puerta, pero prefirió no ingresar para guardar en su interior la imagen del hogar en su infancia.
A las 13.30 los tres llegaron a la Escuela Número 178 “Juan Cañás” para asistir a la inauguración de un aula que fue bautizada con el nombre de Rosa Suárez, quien fue maestra en ese establecimiento entre 1919 y 1936.

Mirtha Legrand


Casi todo el pueblo se había acercado para verlos. En la vereda, los mejores alumnos portaban orgullosos la bandera de ceremonia. La directora, María Elena Baztán de Borrás, fue la encargada de recibirlos y ubicarlos en la primera fila del patio central del colegio. Más tarde los Martínez Suárez subieron al primer piso para cortar la cinta inaugural y ninguno de los tres pudo contener las lágrimas.
“Es difícil hablar en este momento. Desde que llegué tengo un nudo en la garganta y no paro de llorar. Estoy tan emocionada, me parece mentira estar acá. Esto es todo un sueño. Me felicito por haber venido. ¡Qué suerte que estamos acá con mis hermanos!”
Emocionada como pocas veces, Mirtha debió interrumpir el relato a causa de las lágrimas. Era la más sensible de los tres, y su imagen parecía hacer honor a “Chiquita”, su apodo de la niñez. “Hace aproximadamente dos meses José me dijo que le iban a hacer un homenaje a mamá, y que un aula de la escuela llevaría el nombre Rosa Suárez. Yo le dije que eso me emocionaba mucho porque este colegio fue y es muy querido por todos nosotros. Ni lo dudé. Decidí dejar mi programa grabado y venir hasta acá con Silvia y José. Fue un viaje muy placentero, y más aun lo fue la llegada. Cuando me reencontré con tantas caras queridas no lo podía creer. Mi madre también fue maestra nuestra, aquí en este colegio. Vivo recordando a mi pueblo porque para mí sigue siendo mi pueblo. Reconozco que por mi profesión viajé mucho, pero no hay otro lugar como Villa Cañás. Nunca lo olvido ni lo olvidaré. Lo amo profundamente. Cada vez que lo nombro me pongo de pie, y si estoy en uno de mis almuerzos también hago poner de pie a los invitados”.
Vestida de negro y prolijamente peinada y maquillada, Goldie habló con CARAS: “Amo este lugar y quisiera terminar mis días acá al igual que mi hermana. Nosotras nos portábamos muy bien. Mamá era nuestra maestra y la de muchos chicos más. José era el más revoltoso. Hacía líos para que lo mandaran a la dirección y estar tranquilo para leer. Sus libros preferidos eran los de la colección ‘El tesoro de la juventud’. Hoy es un día muy importante para nosotros. Nos emociona que a pesar del paso del tiempo reconozcan la labor de mi madre de esta manera. Mi madre entró cuando sólo había dos aulas en el colegio e integró la Comisión Pro Edificio. Con los años, un decreto del gobierno colaboró para ampliar la escuela. Fue su sueño hecho realidad.”

Mirtha Legrand


Esa misma tarde los hermanos quisieron visitar la estación de trenes. Mientras Mirtha estaba sentada en la sala de espera, José contaba lo que significaba la llegada del tren para el pueblo y la nostalgia que sentían cada vez que partían hacia la Capital. Rosa Suárez era una mujer fuerte y a la vez dulce. Alegraba la casa con sus gracias. Había vivido en España y allá se recibió de maestra. Le encantaba llevar a sus hijos a Buenos Aires para ver zarzuela. Su marido, José Martínez, también era un apasionado del arte. Los dos eran muy unidos y deseaban que sus hijos llegaran lejos en la vida. Las mellizas estudiaban zapateo americano y danzas españolas, mientras José tomaba clases de piano.
“Recuerdo que nos encantaba ir al cine Dante, que estaba al lado de casa. Muy cerca había una confitería donde papá tomaba Fernet con aceitunas y nos esperaba. Cuando salíamos pasábamos a buscarlo, tomábamos un refresco, nos comíamos unas aceitunas y volvíamos a casa. Recuerdo que Carlina Castex de Artiaga era una de las señoras más distinguidas del pueblo, y hasta que ella no llegaba al cine no empezaba la película. Por suerte, como era una mujer educada, nunca se atrasaba más de diez minutos. Usaba un perfume fuerte y rico que mi hermana Mirtha no olvida”, recuerda Josecito.
Mirtha y Goldie apenas tenían ocho años y José iba a cumplir diez cuando su padre le dijo a su esposa: “Andá con los chicos a vivir a Rosario. Allá tendrán más oportunidades para estudiar. Yo sigo con la librería acá en Cañás y viajaré los fines de semana para verlos”. Rosa y sus tres hijos se instalaron en Rosario. Todos los sábados los cuatro esperaban a José en la avenida ubicada en la entrada de la ciudad, que era el paso obligado para llegar desde Villa Cañás.
José Martínez falleció cuando apenas tenía 37 años. Sufrió una úlcera estomacal y murió a causa de una mala praxis. La vida de Rosa Suárez y de sus tres hijos cambió totalmente. “Papá era un hombre alto, buenmocísimo. Era andaluz, pero en sus rasgos se notaba la sangre mora. Le gustaba comprar autos en la agencia Ford y llevarnos a pasear. Yo era su debilidad. El me decía ‘Chiquita’. Siempre me llamaron así porque cuando nací pesaba 1,800 kilos y era una lauchita. Seguramente, mientras estábamos en la panza de mamá mi hermana se comió todo y nació más gordita que yo. En esa época no había ecografías, nacimos en la casa del médico que atendía a mamá”, recuerda Mirtha.
“A Goldie le decíamos Gordita, pero cuando se hizo grande a mamá le resultaba un apodo despectivo y la rebautizamos como Goldie”, agrega José.
Luego de la muerte de su marido, Rosa y sus tres hijos decidieron vivir en Buenos Aires. Alquilaron una casa en la calle Remedios de Escalada, en La Paternal, y gracias a su fuerza salieron adelante. Ese verano, Goldie, quien ya había adoptado el nombre de Silvia, fue consagrada Reina del Carnaval en los corsos de la Avenida de Mayo. Un año después, salió elegida Mirtha. Las dos lucieron vestidos cosidos y bordados a mano por su madre. Ninguna de las dos pasó inadvertida y cautivaron con su encanto y belleza.
Además, la madre se transformó en la jefa del hogar y decidió escuchar los consejos de una amiga. “Son tan lindas. Es una pena que no se dediquen a la actuación”. Rosa lo pensó y no dudó en enviarle fotos de sus hijas a Chas de Crus, quien a partir de allí se transformó en el padrino artístico de las hermanas. Las dos chicas amaban el cine a través de las revistas y se sentían atraídas por ese mundo misterioso, atrapante y seductor. En 1940, a los catorce años, ingresaron en el mundo artístico con la película “Hay que educar a Niní”, de Amadori. Al año siguiente las carreras de las mellizas empezaron a bifurcarse. Mirtha interpretó a una entrañable adolescente en “Los martes orquídeas” y Silvia filmó “El más infeliz del pueblo”, dirigida por Luis Bayón Herrera.
Un año después volvieron a unirse en “Claro de Luna”. En el ‘44, Silvia se casó con un subteniente del ejército, Eduardo Lópina. Como en las películas, Goldie dejó todo por amor. Un amor que duró hasta hace unos meses cuando falleció Lópina. “Goldie es mi otro yo, es la mitad de mi cuerpo y de mi alma. La amo. Ella me protegió mucho cuando murió mamá. Es más cerebral que yo. Cuando vivíamos en el pueblo adorábamos andar en bicicleta, y en el verano esperábamos al heladero que pasaba en un carro y anunciaba su llegada tocando una campana. En invierno hacía mucho frío. Cruzábamos la plaza para ir al colegio y los charcos estaban congelados. El flirteo era una consigna”, confiesa la diva de los almuerzos.
“Hoy me pregunto qué hubiera sido de mí si me hubiese quedado en Cañás. Seguramente me hubiera casado con alguien de aquí y hubiera sido muy feliz. La estación de trenes era la salida obligada, todo pasaba por ahí. Las chicas iban del bracete. Iban a espiar quién subía y quién bajaba de cada formación. Los casamientos de los sábados eran otro atractivo del pueblo”, confesó “Chiquita” Martínez, como aún la llaman en Villa Cañás.
Martes 4, 17.00 horas. Josecito, Goldie y Chiquita vuelven a repetir el mismo itinerario de la llegada: se suben al auto de Mirtha en la puerta del colegio, recorren las calles de Cañás, la mítica estación y se despiden de su prima Cleria. Es hora de volver a Buenos Aires. Cargan nafta en una YPF y retoman la Ruta 8. Décadas y décadas de recuerdos se entrecruzaron durante seis horas. Volvieron los hermanitos Martínez Suárez. Y se fueron con la promesa de volver.

Por: Rebeca Peiró y Romina Redl  (Revista Caras)

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Creation date : 15.10.2005 @ 02:25
Última actualización: 15.10.2005 @ 02:35
Categoría: Mirtha Legrand
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Reactions to this article


Reaction #5 

por Raulo 17.01.2010 @ 18:36

Felicitaciones por esta nota: está muy buena y completita!!!

Soy de Córdoba capital y siento una gran admoración por la señora Mirtha Legrand: verdadero orgullo de Villa Cañás y de todos los argentinos.

Reaction #4 

por juanPopovici 26.11.2006 @ 23:30


Reaction #3 

por SILVIABEMAMN 12.11.2005 @ 02:35

Quisiera que, quienes ingresan a esta página se comunicque por este medio conmigo para compartir experiencias de nuestra vida en Villa Cañás. Si son compañeros míos de colegio, mejor. Cursé primer grado en 1952.

GRacias

SILVIA BEMAMÁN


Reaction #2 

por SILVIABEMAMN 12.11.2005 @ 02:33

Soy la hija de tito Bemamán, participo de los encuentros anuales de ex-residentes de Villa Cñas en buenos aires. Amo mi pueblo e infancia. Es algo especial

Y cuando vi en la revista CARAS esta nota sobre Mirtha y sus hermanos visitando nuestra Escuela Fiscal 178"Juan Cañás", donde cursé mis primeros grados, no dudé en regalarle la revista a mi mamá. La nota es divina. Y las fotos reflejan exactamente lo que es ese hermoso paraíso de infancia que fue, para todos nosotros, Villa Cañás.

Cordiales saludos SILVIA BEMAMAN


Reaction #1 

por Camilo 15.10.2005 @ 13:38

Excelente recopilación de la historia de las mellizas y su hermano. Un documento para guardar.

Desde Buenos Aires los felicito....

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